{"id":193246,"date":"2026-05-18T21:04:32","date_gmt":"2026-05-19T03:04:32","guid":{"rendered":"https:\/\/reportegam.com\/?p=193246"},"modified":"2026-05-19T04:56:42","modified_gmt":"2026-05-19T04:56:42","slug":"la-conquista-de-la-ignorancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/reportegam.com\/index.php\/2026\/05\/18\/la-conquista-de-la-ignorancia\/","title":{"rendered":"La conquista de la ignorancia"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center;\">El Gallo Pitag\u00f3rico II<\/h2>\n<hr \/>\n<p>Cada cierto tiempo, la discusi\u00f3n p\u00fablica mexicana necesita un villano de utiler\u00eda. Y entonces reaparece Hern\u00e1n Cort\u00e9s, desempolvado, convertido otra vez en una especie de demonio absoluto que, espada en mano, cay\u00f3 sobre un para\u00edso ind\u00edgena perfectamente unido, arm\u00f3nico y pac\u00edfico. La historia oficial \u2014tan afecta a los h\u00e9roes impecables y a los monstruos eternos\u2014 insiste en esa versi\u00f3n simplificada, emocionalmente rentable y pol\u00edticamente \u00fatil. Una especie de telenovela hist\u00f3rica donde todo cabe en dos bandos: buenos puros contra malvados extranjeros.<\/p>\n<p>El problema es que la historia real suele arruinar los guiones patrioteros.<\/p>\n<p>La semana antepasada, el debate en el Congreso de la Ciudad de M\u00e9xico alrededor de la Conquista de M\u00e9xico-Tenochtitlan exhibi\u00f3 justamente eso: una alarmante pobreza hist\u00f3rica disfrazada de fervor nacionalista. De un lado y del otro, diputadas y diputados ofrecieron discursos de consigna, frases de calendario c\u00edvico y posturas construidas m\u00e1s para TikTok que para la reflexi\u00f3n seria. Mucha indignaci\u00f3n ceremonial, mucho patriotismo de ocasi\u00f3n y muy poca comprensi\u00f3n del complejo proceso hist\u00f3rico que dio origen a este pa\u00eds.<\/p>\n<p>Porque no, Hern\u00e1n Cort\u00e9s no fue un supervillano omnipotente que derrot\u00f3 \u00e9l solo a millones de ind\u00edgenas indefensos. La ca\u00edda de Tenochtitlan fue tambi\u00e9n resultado de profundas fracturas internas entre pueblos mesoamericanos. Ah\u00ed estuvieron los tlaxcaltecas, s\u00ed, pero tambi\u00e9n los totonacas de Cempoala, los huejotzingas, grupos otom\u00edes, chalcas y texcocanos que vieron en la alianza con los espa\u00f1oles una oportunidad para liberarse del dominio mexica y de sus sistemas tributarios y militares. Decirlo no es \u201ctraicionar a la patria\u201d; es simplemente respetar los hechos.<\/p>\n<p>Y luego vino algo todav\u00eda m\u00e1s profundo y duradero: el dominio cultural y espiritual impulsado por la Iglesia. Porque la verdadera colonizaci\u00f3n no se consolid\u00f3 \u00fanicamente con p\u00f3lvora y caballos, sino con evangelizaci\u00f3n, reorganizaci\u00f3n social, destrucci\u00f3n de c\u00f3dices, imposici\u00f3n religiosa y control institucional. La cruz termin\u00f3 siendo mucho m\u00e1s eficaz que la espada.<\/p>\n<p>Pero admitir matices parece demasiado complicado para una clase pol\u00edtica acostumbrada a convertir la historia en eslogan.<\/p>\n<p>Result\u00f3 particularmente revelador observar c\u00f3mo algunos legisladores confund\u00edan identidad nacional con una especie de concurso folcl\u00f3rico donde \u201cser mexicano\u201d pareciera limitarse a portar huipil, usar guayabera o reivindicar de forma autom\u00e1tica cualquier s\u00edmbolo prehisp\u00e1nico sin entenderlo realmente. Como si la mexicanidad fuera una pureza racial suspendida en el tiempo. Como si cinco siglos de historia jam\u00e1s hubieran ocurrido.<\/p>\n<p>M\u00e9xico no es un museo congelado en 1521.<\/p>\n<p>Somos un pa\u00eds profundamente mestizo. Herederos del mundo ind\u00edgena, s\u00ed, pero tambi\u00e9n de Espa\u00f1a, y con Espa\u00f1a heredamos incluso la enorme influencia \u00e1rabe que marc\u00f3 durante siglos la arquitectura, la lengua, la ciencia, la gastronom\u00eda y la visi\u00f3n cultural de la pen\u00ednsula ib\u00e9rica tras la dominaci\u00f3n mora. Basta escuchar ciertas palabras, mirar patios, c\u00fapulas o sabores para entender que nuestra identidad es una compleja suma de conquistas, resistencias, mezclas y transformaciones.<\/p>\n<p>Pero para comprender eso se necesita algo m\u00e1s dif\u00edcil que indignarse desde una tribuna: perspectiva hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>La pol\u00e9mica con Isabel D\u00edaz Ayuso termin\u00f3 evidenciando exactamente el mismo problema. Mientras algunos exig\u00edan disculpas eternas como si el siglo XVI siguiera abierto administrativamente, otros respond\u00edan con una arrogancia imperial igualmente anacr\u00f3nica. Un intercambio pobre, ruidoso y est\u00e9ril donde casi nadie pareci\u00f3 interesado en entender la complejidad del pasado y todos parec\u00edan obsesionados con usarlo pol\u00edticamente en el presente.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 all\u00ed radique la verdadera tragedia.<\/p>\n<p>No en la Conquista de hace cinco siglos, sino en la incapacidad contempor\u00e1nea de entender qui\u00e9nes somos realmente. Porque el problema no es Cort\u00e9s. El problema es seguir discutiendo la historia desde la ignorancia, el resentimiento o la propaganda.<\/p>\n<p>Verduguillo:<\/p>\n<p>Tal parece que buena parte de la visi\u00f3n oficial sobre la Conquista de M\u00e9xico-Tenochtitlan sigue atrapada en una herencia rancia, trasnochada y profundamente falsa: la del tlatoani que vive hasta La Chingada, donde la historia no admite matices, el mestizaje es pecado y la complejidad estorba. Todo reducido a estampitas ideol\u00f3gicas para consumo pol\u00edtico inmediato. Porque entender el pasado exige estudio; deformarlo para el aplauso f\u00e1cil, apenas un micr\u00f3fono y mala memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada cierto tiempo, la discusi\u00f3n p\u00fablica mexicana necesita un villano de utiler\u00eda. 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